Cuan grande puede llegar hacer al amor,
que mejor lo define una madre,
que vive por sus hijos,
y no se cansa de luchar.
En sus ojos,
el reflejo de la pureza,
en un cuerpo que reflejan,
las batallas de la vida.
Tan dulce, como una niña,
tan firme como un león,
cada cual en el momento indicado,
y con una increíble precisión.
Su fé y su alma,
parecían una llama incesante,
nada la apagaba,
aún creo que nada la apaga,
por que si que vive y brilla,
en tres pedazitos que quedaron en la tierra.
Si Botero hubiera hecho una escultura,
o hasta una pintura,
sería su obra maestra,
con su belleza infinita,
y su ternura angelical.
Hoy caminamos, luchamos,
soñamos y personalmente vivo,
en su nombre,
el mejor ejemplo que pude tener,
en la tierra y en el cielo.
Mejor acompañada no puede estar,
lo mejor de mi vida,
ahora juntos,
y así mismo,
los llevo en cada latido,
en la sangre que corre por mis venas.
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