Te llevo en mi mente y pensamientos,
mi oído te oye susurrar mi nombre,
mi olfato percibe tu olor,
mis ojos reflejan tu belleza.
Tus labios son una dulce alegría,
tu cabello negro en el que todo brilla,
tus mejillas que acumulan sonrisas,
tus lunares cómo el cielo estrellado,
tus oídos de sabia escucha
tu cuello que alcanza mis sueños,
tus brazos largos y delgados prestos a un abrazo,
que no separa el dolor, pero acercan a tu corazón.
Tu espíritu indomable,
dócil, y apacible;
sensible y cómo torrente,
desenfrenado ante Su voz, y cauteloso ante el silencio,
primero oír y luego hablar, pensar antes de actuar,
fidelidad que no se concibe en este planeta a una persona sobrenatural,
digna hija de un ser indescriptible,
mejor aún amiga de aquel que elabora tu sendero,
por quien respiras, vives, y en quien te mueves,
se refleja el ADN,
por eso no eres de este mundo,
eres celestial, más que angelical,
eres sencillamente, tu.